Uso Fraudulento De Tarjetas De Crédito.

Uso fraudulento de tarjetas de crédito.

A los clientes del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria –BBVA- se les comunica mediante llamadas de voz, mensajes de texto al móvil y correo electrónico los posibles usos fraudulentos de sus tarjetas de crédito o débito.

Respecto al fraude por robo de datos de tarjetas no es responsabilidad de los usuarios. Tal y como es este ejemplo (de cuantía irrelevante pero de riesgo si no se desactivaba a tiempo) de alguien que a posteriori recibió un correo postal de la entidad bancaria española, presente también en Estados Unidos, país desde el que se realizó una operación de cambio de divisa no autorizada por el titular más el correspondiente cobro de una comisión, cargo que el BBVA debe devolver al cliente.

Previamente a esta carta meramente informativa sobre las operativas de la tarjeta, fue un servicio de alertas de seguridad el que preguntó telefónicamente a este cliente si había observado algún movimiento sospechoso en la cuenta asociada.

En la conversación telefónica el cliente tuvo la cautela de no dar los datos requeridos durante la llamada, como el DNI y un dígito de su contraseña de la tarjeta.

Prefirió dar su información personal presencialmente frente al director de una de las sucursales de la entidad financiera a fin de confirmar su identidad como titular de la tarjeta al objeto de solicitar la anulación de la misma y la devolución de un canje de moneda que no hizo.

Aunque se llamara inmediatamente al cliente tras monitorizar esa operación sospechosa con tarjeta y fuera de su ubicación habitual, cabe pensar que la tecnología aplicada a la seguridad preventiva parece haber fallado en esta ocasión, dada la falta de coordinación entre este servicio de alertas y la filial del BBVA a la cual correspondía atender la reclamación, cuyos empleados en una primera visita del cliente admitieron no tener constancia de tal incidencia hasta que en la segunda reunión –y ya con el director- pudo corroborarse esa operación según el extracto bancario de la correspondencia postal.

El personal de esa oficina debería haberse anticipado en bloquear la tarjeta y no esperar a que el propio perjudicado por la estafa sea quien, tras recibir la carta, se persone en el banco –y afortunadamente antes de ser sustraídas cantidades importantes de dinero- para avisar a tiempo de su caso, revisarlo y dar su disconformidad con la actividad de su tarjeta.